PARTIDOS POLÍTICOS Y DEMOCRACIA.

Ha sido habitual y lo sigue siendo estudiar a los partidos políticos porque son instituciones fundamentales de la democracia. Al respecto son numerosas las investigaciones  destacadas en el campo de la Ciencia Política. En torno a ello, durante mucho tiempo, se distinguieron  sistemas de partidos  bipartidistas y pluripartidistas.  Distinción, ésta,  referida al número de fuerzas que competían. El italiano Giovanni Sartori, publicó un libro en el año 1976 denominado “Partidos y sistema de partidos” en el que innovó en materia de clasificaciones partidistas y diferenció entre sistemas pluripartidistas limitados (tres o cuatro) y sistema pluripartidistas ilimitados a la vez distinguió: pluripartidismos polarizados y atomizados,  que, para él,  tienen como característica la oposición radical al sistema político, entre otras notas bien nítidas.

En la realidad política de Sartori, los bipartidismos estaban vigentes aun cuando ya habían empezado su deterioro. Hoy ya casi no es  viable un sistema puramente bipartidista. En su seno se producen múltiples divisiones que matizan el mapa político y rompen con la forma monolítica que tenían los partidos durante la guerra fría. La crisis actual que padece el partido republicano de Trump e EE.UU y el del partido Demócrata demuestran ese cambio. Otro de los cambios en el sistema partidario, lo visualizó el teórico francés Jean Blondel en su obra  “Sistema de Partidos” en el advirtió el paso de una estructura de partidos conformada por militantes, a uno conformado por electores. Lo que pasó a ser importante fueron los votos y se empezó a apagar el fuego por las ideologías. En la década de los ochenta y principios de los noventa, en Europa y luego en América Latina,  nació el “Catch all party” ( partido atrapa todo)  como lo denominara Otto Kircheimer. Ahora los partidos, dice el autor, persiguen votos y no buscan persuadir moralmente a las masas. En años recientes,  un politólogo irlandés:   Peter Mair, llegó a la conclusión de que la era de los partidos ha terminado. Para él, los partidos si bien existen, sólo están interesados en la competencia y poco o nada en los significados profundos de la política. El avance del individualismo y la preocupación que tienen los individuos, sólo centrada en su propio mundo privado, ha erosionado la base de la democracia y de su compromiso con los partidos políticos.

Ello ha dejado irresuelta la falta de representación popular de las democracias actuales, sobre todo en el mundo avanzado, que pone en peligro la propia democracia, por eso, explica, el avance de fuerzas políticas antidemocráticas por toda Europa. La crisis  de la democracia partidaria se ve en diversas manifestaciones como  la disminución de la participación electoral, la volatilidad electoral, disminución de afiliados aportantes al financiamiento de los partidos, la pérdida de la identidad partidaria de los electores y  el debilitamiento de la militancia. En ese escenario han surgidos  partidos nuevos, que canalizan la frustración política de los ciudadanos como  “El Frente Nacional” de Marie Le Pen, “La République en Marche” de Macron, en  Francia. El partido “Alternativa para Alemania”, en Alemania y en España surgió “Podemos”, conformado al principio por líderes académicos de la Universidad Complutense como Pablo Iglesias,  Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Otra de las  fuerzas, surgida en la nueva etapa, ha sido el partido Ciudadanos nacido en el  2006. En Italia apareció  el “Movimiento 5 Estrellas”, que también  es un partido antisistema democrático, fundado en el 2009. Por su parte en Europa del Este, surgieron partidos xenófobos como el partido “ANO”, nacido de ciudadanos disconformes, en el 2011. Lo propio ocurrió en Hungría con el “Jobbik”, partido de extrema derecha que rechaza fuertemente la inmigración islámica.

La crítica que hace Peter Maier es que la democracia de partidos ha contribuido más a la despolitización que a la política. Ha trasladado las decisiones hacia ámbitos no políticos, que no responden a la voluntad de la mayoría. Así las decisiones han recaído más en instituciones no políticas que en las que deberían representar a los electorados. Han reposado en organismos como los bancos, por ejemplo, o en el caso de América Latina o Grecia, en el FMI. Para Mair  la democracia  se revitalizaría si se revirtiera esta situación, si todas las instituciones y procedimientos del Estado perdieran su independencia relativa y fueran sometidas a las directrices instantáneas emanadas de los partidos y de la participación democrática.

El problema que vemos es que actualmente el Estado tiene muchas organizaciones y Agencias que están a cargo de expertos que están aislados de la  política y  de la voluntad mayoritaria por ende de la intervención del electorado. Para Mair incluso los jueces y todo su aparto judicial, si bien son una institución fundamental de la democracia, está demasiada distanciada del juego de la democracia electoral