Lo dijeron los técnicos del Fondo en la reunión que tuvieron con Sergio Massa y su equipo. Esperan una reforma previsional.

A las preocupaciones del Fondo Monetario por la falta de reformas estructurales se les sumó un nuevo temor: Que Mauricio Macri caiga en la tentación de volver al atraso cambiario en 2019 como estrategia para la recomposición salarial de cara a las elecciones. Esa fue la idea que quedó flotando en el intercambio que Roberto Cardarelli y Trevor Alleyne, dos de los técnicos del FMI a cargo de la Argentina, mantuvieron este sábado con Sergio Massa y su equipo económico.

La reunión se realizó en las oficinas que el líder del Frente Renovador tiene y forma parte de la ronda de encuentros con la oposición que iniciaron el pasado jueves los técnicos del Fondo en un encuentro con la CGT. Las reuniones fueron propiciadas por el organismo que está interesado en transmitir una imagen más «humana».

Según pudo saber LPO, ambos técnicos fueron muy cuidadosos a la hora de no manifestarse sobre cuestiones políticas y, en este sentido no confirmaron ni descartaron un encuentro con Cristina Kirchner o miembros de su fuerza y se limitaron a repetir que buscarán entrevistarse con todos los sectores de la oposición.

«Atraso cambiario y bife de chorizo son las dos palabras que aprendí cuando llegué a Argentina», ironizó Cardarelli, jefe del equipo del FMI a cargo de las revisiones del Artículo IV, dejando claro una de las preocupaciones que prevalecen en el organismo pro estas horas respecto de la economía argentina. Si bien luego de la corrida que empujo el dólar por encima de los 40 pesos el planteo puede parecer exagerado, lo cierto es que la historia reciente argentina confirma una tentación permanente de los gobiernos por incentivar el «populismo cambiario» que genera un dólar barato, sobre todo en los períodos electorales.

En la charla, los miembros del FMI también dejaron entrever que no descartan que el año próximo el Gobierno tenga que pedirle un nuevo «waiver» (o readecuación) del Acuerdo Stand-by tal y como lo anticipó la calificadora de riesgo Moody’s en relación a la dificultad de cumplir con el objetivo de déficit fiscal cero al que quedaron condicionados los desembolsos trimestrales del organismo. Pero más les preocupa que Macri apele al atraso cambiario -por una combinación de estabilidad cambiaria con alta inflación- que vuelva a incentivar el déficit comercial.

Los funcionarios del Fondo si destacaron  la estabilización lograda por el freno a la emisión monetaria, a lo que Massa les preguntó por la persistencia del elevado riesgo país. «Se cerró el acuerdo y giraron miles de millones de dólares, se logró cierta estabilidad financiera y sin embargo el riesgo país no cede ¿Por qué creen que ocurre esto?», fue la pregunta de Massa.

Cardarelli y Alleyne mencionaron dos elementos centrales para que persista el riego país: La pérdida de confianza en el gobierno de Macri y la incertidumbre política. visión del FMI al respecto se centra en dos aspectos: primero, la pérdida de confianza de los mercados en Macri; y, segundo, la incertidumbre política que genera una potencial vuelta de Cristina Kirchner al poder.

Para el equipo del Frente Renovador, la preocupación es otra y es que para febrero los administradores de fondos de inversión decidan una salida masiva de capitales atentos a la persistencia del riesgo político. Por eso, consideraron conveniente en el diseño de algún instrumento de control de capitales que reduzca la exposición de Argentina a la volatilidad de la especulación financiera. Una medida semejante habría sido descartada de cuajo por el histórico FMI, sin embargo los técnicos se mostraron dispuestos a analizarlo, marcando tal vez la mayor diferencia entre el viejo FMI y la nueva imagen que busca proyectar Christine Lagarde.

Al fin y al cabo, lo que le interesa al Fondo es la cuestión monetaria, es decir la emisión cero y la no intervención del Banco Central en el mercado vendiendo divisas; la cuestión del déficit cero fue una iniciativa del equipo de Nicolás Dujovne y no una exigencia del FMI. De hecho, el organismo ha asistido a muchos países con déficit sin exigirles llevarlo a cero sino a niveles sostenibles.

El «waiver» no sería la última instancia de renegociación: 2020, pese a no ser un año de vencimientos de capital con el FMI, parece ser el puntapié para una nueva revisión de los términos firmados por Dujovne y Sandleris. Y así lo han comunicado varios referentes de la oposición y Massa lo ratificó en este encuentro. El actual Acuerdo Stand-by concentra el 88% de los desembolsos antes del 10 de diciembre de 2019 y el 45% de los pagos de la deuda contraída con el FMI entre 2021 y 2023.

La distribución de los desembolsos y los pagos no solo fue objetada por Massa, sino que, como anticipó LPO, estuvo en el corazón de la disconformidad de medio Board del Fondo Monetario, y consiguió concretarse el pasado 26 de octubre por el impulso que le dio a las negociaciones el mismo Donald Trump.

De todos modos el cruce más álgido de la reunión se habría producido en torno a la falta de reformas estructurales durante el mandato de Macri, cuestiones que el Fondo considera cruciales para garantizar la mejora de la economía de largo plazo. Es que la reforma previsional está en el primer orden de las recomendaciones del FMI para que el gasto estatal se adecue a la realidad de la economía; y en un distante segundo lugar se ubica la reforma laboral.

Es que además de Sergio Massa, ex titular de la Anses, formaban parte de la mesa de diálogo, Diego Bossio, quien también estuvo al frente de la Anses y Florencia Jalda, quien es la referente de política previsional del Frente Renovador tras su paso por Provincia Vida. Y la postura de ellos no es la desregulación del mercado de trabajo y el ajuste sobre los jubilados, sino la de la incorporación de aportantes para darle sustentabilidad a las jubilaciones y pensiones. Sustentabilidad que la Ley de Reparación Histórica terminó por minar y con la que los representantes del FMI no habrían estado de acuerdo.

La mesa se completó con la diputada Graciela Camaño, sus pares José Ignacio de Mendiguren y Marco Lavagna, el ex presidente del Banco Central Aldo Pignanelli, y el director de la CNV Carlos Hourbeight. Ellos le expusieron al Fondo Monetario su consideración sobre la necesidad de crear capacidad de repago vía crecimiento económico y por eso presentaron la idea de la creación de un Régimen Acelerado de Amortización de Inversiones, un incentivo fiscal para nuevas inversiones con beneficios fiscales, con las que acelerar el desembolso de capital en la economía real para motorizar el PBI. El FMI lo consideró factible.

fuente:La Política Online