La reunión inaugural pasó para el 6 de diciembre, en medio de rumores de un encuentro Pichetto-Sanz.

La reunión inaugural del Consejo de la Magistratura se pospuso para el 6 de diciembre, porque el oficialismo no logró consenso para elegir autoridades por resistencia de los radicales y la cautela de los jueces, que prefieren no participar de una votación reñida.

Se trata de un cambio de época en el organismo encargado de elegir y sancionar magistrados, que empezó con la inesperada derrota en Diputados y continúa con su funcionamiento, ya sin el peso del oficialismo de los últimos años.

El Gobierno negociaba un acuerdo para elegir como presidente al juez Ricardo Recondo pero no esperaba con una rebelión de los consejeros de la UCR, que son la senadora Olga Brizuela y Doria y los abogados Juan Pablo Más Vélez y Marina Sánchez Herrero, esposa del diputado bonaerense Maximiliano Abad.

Sanz es el operador del partido en la Magistratura. Pide al menos un cargo y le darían la vicepresidencia. Recondo acepta la presidencia, pero sin conflicto.

Abad y Brizuela y Doria tienen una estrecha relación con Ernesto Sanz, que este martes asistió a las juras y se reencontró con Miguel Pichetto, flamante consejero por el Senado. Ambos se reunirían la semana que viene para repasar intereses comunes.

Con los radicales molestos, los operadores de la Casa Rosada quedaron debilitaron para imponer el esquema de autoridades que habían ideado. Además de Recondo en la presidencia, se completaba con el juez Juan Manuel Culotta en la Comisión de Evaluación y su par Alberto Lugones a cargo de la Administración.

Necesitaban el voto del académico Diego Molea, que exigió a cambio la Comisión de Evaluación para controlar la Escuela judicial y complicó los planes. La rebelión de la UCR obligó a barajar y dar de nuevo.

De mínima, Sanz negocia la vicepresidencia para Sánchez Herrero o Juan Pablo Más Vélez, abogado porteño y cercano a Daniel Angelici.

Recondo, el juez más anti kirchnerista de los tres, no tiene problemas en asumir la presidencia, un cargo que no es tan relevante pero los gobiernos no quieren regalar. Pero exige garantías de una elección en paz, sin peleas de frente con el peronismo. No es momento para esas batallas.