La cancelación de conferencias de prensa y la falta de una agenda actualizada completaron el podio de las quejas de los corresponsales internacionales.

La cobertura de la Cumbre de Líderes del G20 se vio opacada por la falta de internet, insumo clave para el periodismo internacional. La conexión había sido particularmente lenta para el upload de contenidos y el envío de mensajes, pero a eso de las 13:30 directamente se cayó el servicio de Wifi que brindaba la empresa Televaz y por una hora y media periodistas de todas partes del mundo se quedaron sin poder transmitir.

La Cumbre del G20 convirtió a la Ciudad en un páramo digno de una película de ciencia ficción: calles desiertas surcadas por convoys diplomáticos tomando las principales avenidas en contra mano a gran velocidad, vallados por doquier, de tanto en tanto aviones de la fuerza aérea sobrevolando la ciudad de a pares, el Río de la Plata militarizado con una cantidad inusitada de embarcaciones y un silencio inédito para un viernes porteño interrumpido de tanto en tanto por sirenas policiales.Y sin embargo, la única preocupación de los periodistas pasaba por encontrar la forma de poder hacer llegar su cobertura a las centrales de noticias.

Por ejemplo, Moeko Nitohbe, periodista de la sede de Nueva York de Tokio Broadcast System (TBS), recurrió a un sistema precontratado en Estados Unidos de mensajería que usa datos mediante roaming para poder continuar con su trabajo. «Sin eso, no lo sé, estaba frita. Fue muy frustrante porque demoró mucho mi trabajo».

Similar fue la experiencia de Giuseppe Sarcina, enviado del Corriere della Sera de Italia con más de diez de estas cumbres de experiencia: «Usé el roaming de datos de mi celular para poder seguir trabajando; creo que es lo que terminamos haciendo todos, ¿no?» En efecto. Sin embargo, no todas las compañías telefónicas tenían buena señal en el área de trabajo de Parque Norte, por lo que la hubo una migración de los periodistas a la confitería del recinto donde sí fue factible la comunicación con las redacciones y centrales de noticias del resto del mundo.

Me parece que subestimaron la magnitud de lo que es necesario. Las noticias evolucionaron y cada vez se transmite más por live stream, o hacemos broadcasts para youtube. Eso requiere de mucha más velocidad de conexión que para mandar una artículo por correo.

«Me parece que subestimaron la magnitud de lo que es necesario. Las noticias evolucionaron y cada vez se transmite más por live stream, o hacemos broadcasts para youtube. Eso requiere de mucha más velocidad de conexión que para mandar una artículo por correo», consideró Nitohbe.

En realidad, las computadoras siempre tuvieron señal de Wifi, lo que no había era conexión internet. Según pudo saber LPO, Televaz trabaja con dos proveedores de internet (uno de ellos de soporte) y por un error de configuración ninguno de los dos. «El mundo entero está esperando que lo arregles», le dijo una periodista a uno de los técnicos de la empresa que rechequeaba la instalación.

«Muy pobre, muy. No funcionó bien internet en todo el día. Podría decirse que el servicio no es confiable», calificó David Akin, periodista canadiense de Global News.

No fue la única desilusión que inundó al Centro de Medios de Parque Norte: la agenda de eventos de la APP no estaba actualizada, el sistema de inscripción a las conferencias de prensa era manual, había que registrarse hasta con doce hora de antelación y en muchos casos los encuentros con la prensa fueron cancelados o bien algunos periodistas fueron excluidos de participar en función de su nacionalidad.

«Esto es habitual y escapa a la organización del G20 per se. Cada delegación elige si va a abrir la conferencia a ronda de preguntas, si permite a periodistas de otros países preguntar, o directamente asistir», explicó Akin quien lleva años acompañando a la delegación de Canadá en estos eventos. En este punto coincidió Sarcina. Tal vez el error es inscribir a periodistas a los que no se los va a excluir a último minuto.

«Desearía que fuese más abierto y fácil el acceso a las conferencias de prensa. Para las agencias tradicionales de noticia y las grandes cadenas es sencillo, pero para los corresponsales que venimos individualmente, es intrincado», comentó Nitohbe.

El  wifi no fue la única desilusión que inundó al Centro de Medios Internacional: la agenda de eventos no estaba actualizada, el sistema de inscripción a las conferencias de prensa era manual y había que registrarse hasta con doce horas de antelación y en muchos casos los encuentros con la prensa fueron cancelados o algunos periodistas fueron excluidos en función de su nacionalidad.

La cancelación de conferencias de prensa (China suspendió dos de las tres que estaban en agenda), los cambios de salón sobre la hora y la falta de aviso sobre nuevos eventos también generó fastidio. En particular cuando, una vez excluidos los medios no brasileños a la conferencia de Brasil, en los parlantes invitaban a los asistentes a una conferencia con una chef del evento para aprender a hacer mate. «Es una pérdida de dinero. Si estuviera aquí por diversión, seguramente lo disfrutaría. Pero no para los periodistas que vinimos a trabajar. Deberían usar ese dinero en infraestructura, por ejemplo internet», acotó la periodista japonesa.

Así, mientras acceder a las conferencias internacionales fue particularmente engorroso, los únicos en acercarse al Centro de Medios fueron funcionarios argentinos, que aprovecharon en general el evento para promover asuntos de la agenda local. «Es cuanto menos extraño esto de que en un evento internacional los funcionarios solo se manifiesten sobre cuestiones locales», se lamentó Charles Newbery, corresponsal en Argentina y Uruguay de S&P Global Platts.

Por el contrario, otros aspectos fueron elogiados, en particular el servicio de catering fue de todos los consultados por su variedad y calidad; y luego la comodidad de las instalaciones.

«Destaco que no estuvimos hacinados y que nos ofrecieron un espacio muy bonito y estuvimos bien servidos, la comida fue muy buena. Lástima, una vez más, la distancia del centro de convenciones donde están los diplomáticos. Por ejemplo, aun no terminé una nota, pero tengo que irme ya (una hora y media antes) si quiero cubrir la última conferencia [por la distancia y los controles]. No es tan terrible como fue en Japón, que estábamos a dos horas de viaje, o en Italia que también era una distancia más que considerable. Entiendo que los diplomáticos quieran aislarse de la prensa, pero es nuestro trabajo y se pierde mucho tiempo; es molesto», agregó Sarcina.

fuente:La Política Online