Se cumple un nuevo aniversario desde el arribo de la alianza presidida por Mauricio Macri. En esta nota te contamos el camino económico y político recorrido por la actual administración.

omo bien dijo el presidente en estos tres años de gestión “pasaron cosas”. Pasamos del «mejor equipo de los últimos 50 años» a un deterioro de todas las variables macroeconómicas, así como tormentas en la línea política. Hay mucho para decir pero en Filo.News te lo resumimos a 3 claves para entender algo de todo lo que pasó.Nos endeudamos un PBI

Durante 2016 y 2017 Argentina fue el país que más se endeudó dentro del grupo de las economías emergentes del mundo. Las inversiones escasearon pero hubo lluvia de préstamos. 

Las malas lecturas sobre el escenario internacional y la falta de una política de desarrollo nacional desembocaron en un 2018 recesivo. Las corridas cambiarias trajeron al escenario la posibilidad de un default y rápidamente el gobierno salio a pedir fondos al prestamista de última instancia: el FMI. 

Esta maniobra tranquilizaría a los mercados pero tras el primer acuerdo la incertidumbre no cesó y una nueva corrida cambiaria tuvo como resultado la renegociación con el organismo internacional. Firmamos el mayor préstamo emitido por este organismo internacional en su historia.

Fuente: informe BCRA nov 2018

Según el último informe del Banco Central el nivel de deuda sobre el PBI es del 77% y dadas las proyecciones del presupuesto 2019 aumenta a casi el 90%. La deuda es cercana a toda la actividad económica de nuestro país en un año.

Debíamos solventar un gasto público que excedía nuestras posibilidades. Sin embargo, el 75% de la deuda que tomamos fue en moneda extranjera cuando el déficit público es en pesos ¿Por qué necesitábamos dólares?

Este proceso debe explicarse en conjunto con la fuga de divisas, que si bien es una constante en la economía nacional, fue facilitada por la desregulación financiera propia de la era Cambiemos.

En estos tres años se fugaron mas de $58.000 millones de dólares,monto superior incluso al acuerdo firmado con el FMI.

Fuente: informe BCRA nov 2018

A su vez, y como la mayoría de la deuda es en moneda extranjera, con cada devaluación crece el monto a pagar en pesos, en conjunto con el aumento de los servicios de la deuda. Cada salto en el dólar nos deja más endeudados.

Las preocupaciones, o falta de confianza, se reflejan en el aumento del riesgo país: los mercados también sospechan sobre la capacidad de Argentina en solventar sus deudas. Tenemos los fondos necesarios para 2019 pero después de eso el panorama se empantana y hay una casi obligada necesidad de reestructurar la deuda con un Fondo Monetario Internacional que subirá sus imposiciones. En este sentido, estamos en una posición de mayor dependencia hacia el organismo que representa el ultimo prestamista posible en un mundo donde el alto riesgo hace que la sequía de inversiones parezca de largo aliento. 

El peso cada vez más liviano

Desde el principio de la gestión el “sinceramiento” de las variables fue un objetivo central. Se liberó el cepo cambiario y rápidamente se pasó de un dólar cercano a los $10 a una devaluación mayor al 40% que dejó el dólar arriba de los $14.

La divisa norteamericana mantuvo siempre una tendencia alcista pero durante 2016 y 2017 las devaluaciones fueron progresivas y, al menos con los ojos de hoy, menos bruscas.

El 28 de diciembre del año pasado el gobierno admitía que no iba a cumplir con las planificaciones presentadas y la incertidumbre hizo saltar al dólar que cerró el año cercano a los $20.

Todo esto parece muy lejano cuando llegamos a los $43,50 en agosto de este año. El mejor equipo en 50 años no estaba preparado para afrontar una corrida cambiaria, que no sólo devaluó más de un 100% la moneda sino que también se llevó a su paso a dos presidentes del Banco Central.

Cómo sabemos, cada devaluación afecta al conjunto de la economía. En primer lugar, podemos pensar que nuestra industria usa insumos importados y que al aumentar estos se genera un traslado hacia los precios finales. También que al encarecerse el dólar hace que los sectores exportadores se vean beneficiados, pero como en nuestro país nuestras exportaciones son principalmente productos primarios también hace crecer el precio de esos productos en el mercado interno.

En este sentido, si vemos la inflación según el INDEC, qué debemos aclarar que comienza a calcularse desde finales de 2016, vemos que se supera el 74% acumulado. 

Fuente: INDEC nov 2018

Incluso este año, el peor en términos macroeconómicos de la era Cambiemos, tendremos la inflación más alta en los últimos 27 años de la economía argentina. El incremento de precios y paritarias que no le hicieron frente dejaron un poder de compra disminuido que desplomó el consumo interno.

En este sentido, el reclamo de los sectores productivos que se orientan al mercado nacional sufren los efectos de la recesión. Los resultados están a la vista: una caída de más de 2,5% del producto para 2018 y una planificación de caída para 2019. 

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La línea política de Cambiemos

Si las corridas financieras y el “pasaron cosas” fueron producto de sucesivas lecturas erradas del escenario financiero internacional, el plano político estuvo marcado por largas caminatas y algunos atardeceres auspiciados por una oposición fragmentada hasta el final.

En aquella primavera de los 100 primeros días de gestión, el modelo encabezado por Mauricio Macri dio poderosos guiños sobre sus prioridades, entendiendo más que nunca a las mismas como contrapuntos necesarios al kirchnerismo.  

A 37 días de su asunción, el presidente anunció la quita de una porción sustantiva de las retenciones al campo, Alfonso Prat-Gay comunicó el fin del cepo al dólar, José Aranguren inició el largo recorrido en los aumentos tarifarios y en la provincia gobernada por Gerardo Morales, era detenida (y continúa estándolo) Milagro Sala.

En este sentido, a algunas dudas iniciales y partidas prematuras del equipo de gobierno, las elecciones del 22 de octubre confirmaron políticamente a Cambiemos como primera fuerza nacional tras obtener algo más del 40% de las voluntades.

Ese 2017 sería el único año que el pulso político estaría acompañado por algunos modestos logros en materia económica. Envalentonados con estas dos variables, el gobierno llevó al máximo los niveles de negociación y tras una feroz represión logró el 14 de diciembre aprobar la cuestionada Reforma previsional.

El equilibrio económico inestable imprimió condicionantes en la vida política para varios funcionarios de Cambiemos. Las crisis semanales han tenido en el mejor equipo de los últimos 50 años numerosas figuritas de cambio.

La crisis económica ya no era la heredada, sino la gestada. La de un modelo que se concibió basado en la inversión privada y el aperturismo pero que se intentó sostener en base al endeudamiento y la inversión pública. Y claro, pasaron cosas.

Fue a raíz de esto que en contraposición a lo que se esperaba, a lo que la ciudadanía eligió, gran parte de la administración Cambiemos ha tenido lugar bajo un contexto donde agotados los créditos económicos y sociales, la política fue el sustento.

El pulso político ha sido el combustible desde el cual el oficialismo intentó sortear una turbulencia de la que parece no poder aterrizar.

En este punto, la imposibilidad de aprovechar las bondades de la globalización ha llevado a Cambiemos a aceptar lo que prometió que no pasaría.

Los acuerdos con el FMI en plena corrida cambiaria minaron el margen de maniobra de un gobierno que desde junio a la fecha tuvo en el tutelaje del Fondo una expresión manifiesta en el crudo Presupuesto para el 2019.

Nos queda como último punto, un éxito que claro, es apreciativo. En términos organizativos no hay duda, la cumbre del G20 no tuvo falencias. Ahora bien, entendiendo que la Argentina es un país y no una organizadora de eventos, las exigencias nos llevan a evaluar el diseño de la política exterior con cierta prudencia.

Más allá de lo simbólico y la imagen proyectada, algo que en contextos de crisis no presta mayor relevancia, la política exterior no puede entenderse como el legado de Cambiemos.

Lo cierto es que, tras tres años de gobierno, si bien se observan reflejos de resistencia expresados por fuera de las representaciones tradicionales, el gobierno parece confiado en el frente político, su frente político.

fuente:Filo News