«POLÍTICA Y CULTURA» POR OSCAR PEDRO RIVERO VIVES

En el debate actual hay una manifestación humana que está en el ranking de los temas preferidos y ese tema es la cultura.

En referencia a la vida cultural el pensamiento no descansa desde que se transformó el planeta por la revolución de las comunicaciones.  Si bien siempre la cultura a ocupado un lugar privilegiado en el estudio de las ciencias humanas, nunca ha tenido tanto lugar como ahora. Lo cultural como ese universo de valores, ideas, normas, pautas, modas, prácticas sociales, usos, costumbres, lenguaje, etc, ha saltado al primer lugar de todos los análisis.

En economía, ya desde  hace varias décadas, se habla de la cultura como condicionante principal del desarrollo, más que los recursos naturales, la tecnología o los procesos productivos.  De igual modo la cultura aparece como  llave de bóveda para explicar la crisis democrática, la participación, el compromiso político o la aptitud de la clase política para resolver problemas.  Así, ocurre en todas las esferas vitales, la cultura aparece como el lugar relevante para comprender la causa de las cosas,  cultura del consumidor, cultura empresarial, cultura de responsabilidad social, cultura artística, cultura política, etc… En rigor aunque importante, a la vez no hay nada menos comprendido que  el fenómeno cultural. Si bien,  todos intuitivamente cuando se habla de cultura imaginamos –correctamente- música, comidas, trajes, prácticas religiosas, poesía, libros, imágenes, videos, muebles, en fin, múltiples elementos tangibles o físicos e intangibles, puros conceptos, como ideas abstractas, el fenómeno  de lo cultural se nos aparece como identitario,  como identificación, como algo definible e identificable.  Pero, por el contrario, hoy lo cultural es fluido, es  signo, es símbolo, es  imaginaría.

El  estímulo incesante de las herramientas de comunicación, resultado del avance tecnológico y científico, pone  en manos de las sociedades,  medios que  hacen despegar  infinitas formas de  sensaciones, creencias, ideas, sentimientos, emociones, vivencias, recuerdos,  estéticas, estilos de vida, entre otros formas, permitiendo que se amplifiquen, repliquen,  difundan, divulguen, expandan, o simplemente se liberen de reductos delimitados, íntimos, reservados al hogar, para ingresar en ámbitos ampliados, distantes,  diversos, múltiples,  antes impensados. Todo se expone, se  muestra,  se exhibe,  sale a la superficie: símbolos, imágenes, figuras, narraciones, diseños, formas,  todo está ahí, a nuestro alcance, superpuesto, yuxtapuesto, contrapuesto, resumido, empacado, cortado y pegado, mixturado,  en la música, las  letras, estilos,  imágenes,  prácticas y vivencias. El famoso collage que como  técnica escolar se usaba para  unir elementos distintos se convierte en el modo cultural de nuestro tiempo.  Hay collage de formas de vida, de  formas del ser y  de vivir.

El collage da pie  a lo Deleuze denominaba agenciamientos. Los sistemas sociales  agencian lo variado, lo que está en proceso, lo que está siendo, lo que estaba oculto, lo que aparece, lo parcial, lo que está a medias, también lo terminado, lo acabado, lo que fue, lo que no está y está viniendo, todo, está fluído  en la agitada realidad cultural. Collages que  configuran partes,  todos de   partes y partes del todo.  La política  no está sustraída a este proceso, para maquillarla concurren los  consultores, gurúes,  marketeros, mercadologos,  y prestidigistadores, de lo más variados, mientras el pueblo busca deseoso, ver más allá de ese rostro discepoliano.

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