Hay una reiterada referencia a la palabra “modelo”, hoy se la usa tanto en política, en sociología  como en economía y en las demás ciencias humanas. El  término  nació en el campo de la ciencia matemática y de la física.

Su significado es bastante complejo. No vamos a profundizar pero sí decir que la  palabra tiene muchas acepciones.  Uno de los significados más difundidos, es que modelo es igual a “representación”. Es decir que un modelo intenta reflejar la realidad, representarla, de una forma simple, visual e integral  en sentido de tener en consideración todos los factores y elementos que  componen esa realidad, ya sea realidad  económica o  política,  u otra distinta. Pero a la vez  el  término modelo no significa sólo descripción correcta de lo que es, sino que  supone una propuesta un camino a seguir. En conclusión “modelo” es por una lado descripción de cómo funciona un campo de la realidad y a la vez es un camino propuesto, un programa de acciones,  para torcer la manera de cómo esa realidad funciona y llevarla hacia otro destino- el que se propone quienes diseña el modelo-. También la palabra modelo supone además de diagnóstico y programática, “un arquetipo” y un “paradigma” último, al cual arribar. Esa es la parte normativa del modelo. Hay un ideal último.

Hay un paraíso prometido, en el que todos seremos felices si el modelo se realiza, si seguimos sus mandatos y si  hacemos lo que el modelo propone. Una pregunta que suele hacerse es ¿cómo sabemos qué modelo es el verdadero?, ¿cómo sabemos qué modelo tiene la razón? Esa pregunta es necesaria para la parte de  evaluación del modelo.  Hay una sola forma de saber  si el modelo acertado. Ella es experimentando sus resultados. Si la experiencia nos indica que los resultados logrados no son los que se esperaban, el modelo fracasó. El fracaso del modelo puede ser provisorio, es decir durará poco pero luego vendrá una seguidilla de éxitos.

Cuando el fracaso es definitivo, ocurre que ya no hay otro camino, sólo resta  reemplazar el modelo por otro, por  uno distinto al que se había pergeñado. El problema es que no siempre hay tiempo, no  es fácil salirse del modelo equivocado. A veces porque se está convencido y se persiste en el error. Otras veces porque no quieren verse los resultados negativos y ni siquiera se los considera. Otras veces por incapacidad de cambiar el rumbo y obviamente también suele ocurrir que el modelo aunque perjudica a la mayoría, beneficia a sus gestores.

En el debate político  argentino se  habla de dos modelos: el populista y el neoliberal. Al primero se lo asocia al peronismo, en general, y es especial al kirchnerismo y al segundo modelo se lo vincula con el macrismo. Ambos modelos tienen un diagnóstico de la realidad, tienen una programática para guiarla y ambos proponen   un destino superador (en el sentido de “mejor”) que el que existe, al momento de formular el modelo.  La experiencia del modelo kirchnerista (o peronista, o populista, como sea que cada uno le llame) ya ocurrió. Se ejerció entre el lapso 2003/2015. Ahora está vigente otro modelo. Estamos experimentando otro modelo. El actual modelo, cuando partió hizo un diagnóstico, hizo un programa (que se está ejecutando) y cada vez está más alejado  del destino que le propuso a los argentinos. La pregunta es ¿fracasó el modelo? La respuesta es sí. La otra pregunta es: ¿ese fracaso es provisorio o definitivo? Para mí es definitivo. El modelo macrista está agotado. Tiene jaque mate. Está encerrado y no tiene otra opción que ir hacia un fracaso definitivo.

Una última pregunta ¿el fracaso del modelo significa el fracaso macrista en las  elecciones? Respuesta: A veces sí y a veces no. No hay una consecuencia única. El pueblo decidirá. El asunto es que si el macrismo persiste en su modelo, desde ya tenemos que saber vamos todos hacia una fracaso anticipado.