Ejército y Política: En Argentina, durante las últimas décadas ha habido un discurso público cargado de resquemor sobre los militares.

No es para menos, la última dictadura que vivió el país en  manos de militares provocó un tremendo y horroroso período de la historia nacional con un saldo altísimo de víctimas del terrorismo de Estado, acompañado de un grave fracaso en las políticas económicas que no sólo endeudaron, como nunca,  al país, sino que también  destruyeron  gran parte del aparato productivo, con las secuelas que eso significa: desempleo, pobreza, desigualdad social, entre otros flagelos de la vida social para  nuestro pueblo.

La democracia venidera nació con una prioridad cual fue la de culpar y condenar a los responsables de tantos desatinos y delitos, develar sus perversos propósitos y escarmentar a los tiranos para que nunca más vuelva a suceder semejante infierno en nuestro territorio, para que  reine la ley y  la constitución. A raíz de tal traumática experiencia, son muy pocos los que han defendido a las fuerzas armadas, desde entonces, si no salvo aquellos, que directa o indirectamente, han estado cercanos o involucrados con los acontecimientos o hechos perpetrados por los responsables.

Sin embargo, desde hace un tiempo- no obstante que hay un consenso unánime de todos los ciudadanos de bien, en aplaudir la condena de genocidas y sentenciados por los crímenes de lesa humanidad- hay un interés creciente de amplios sectores de la vida nacional, en  valorar  a la institución de las fuerzas armadas como parte necesaria del estado y de la nación, más allá de su función básica que es la defensa, pensando que se supone que estamos en nueva etapa histórica y que aquellos que mancharon el uniforme y la bandera, o ya han sido condenados, y están pagando su pena en la cárcel, o bien, han fallecido- por su edad- o simplemente ya no ocupan los  puestos que ostentaban. Se supone también que las nuevas generaciones de militares han sido críticos con el rol de la fuerza en el pasado, y están comprometidos con el mantenimiento del orden democrático que eligió Argentina desde 1983.

En ese contexto es  válido recrear el escenario para el análisis y enfocar cómo las fuerzas armadas, durante la primera mitad del Siglo XX,  cumplieron un papel muy importante en Argentina,  antes de entrar en el juego político de interrumpir la libre elección del pueblo argentino y especialmente antes de comprometerse con intereses extraños al pueblo para ponerse al servicio de grupúsculos minoritarios de civiles que no querían el progreso social y económico de la nación. Esas fuerzas armadas, especialmente al ejército, estuvieron al servicio del pueblo, acompañando las grandes empresas de desarrollo económico y social de la Argentina.

Sin ir más lejos, el principal líder político del país y de América Latina, como fue Juan Perón, surgió de esa institución y lideró el cambio social y económico más importante de la historia de este país, incluyendo a las masas de argentinos al consumo, el trabajo, a la salud, a la seguridad social y a la educación. La pregunta es, entonces, ¿por qué no puede haber en presente y en el futuro argentino, militares comprometidos con el desarrollo de la nación si antes los hubo?  Recuperar unas fuerzas armadas como institución para la construcción de un estado nacional soberano, independiente y justo reclama una comprensión de su pasado contributivo con el desarrollo nacional, en tal sentido, una bandera de la que fueron pioneros, por ejemplo, fue el “industrialismo”, en ella fueron destacados protagonistas militares como el Ingeniero y entonces Coronel Enrique Carlos Alberto Mosconi, quien tuvo a cargo, durante la Presidencia de Hipólito Yrigoyen, nada menos que la organización de la primera empresa pública petrolera, Yacimientos Petroliferos Fiscales, quien  además, hizo construir la Refinería de la Plata en el año 1925, al tiempo que fue el  impulsor