En el análisis político se habla del “pluralismo” para referir nuestras sociedades democráticas como  un conjunto de grupos, en el sentido de que todos de una u otra forma somos parte de un grupo, empezando por el grupo familiar, siguiendo por el grupo del barrio, el grupo del club, el grupo de la iglesia, el grupo del trabajo.

El pluralismo se dice de la concepción de la sociedad como conjunto  de muchos grupos, que aunque seamos distintos podemos, todos,  convivir.  Significa que  todos estamos y todos cohabitamos, a la vez que buscamos acordar, aunque no nos comprendamos y no nos juntemos entre unos y otros, salvo por casualidad. Todos podemos compartir el espacio social y vital, desde la diferencia. En la vida social convivimos ancianos y jóvenes. Jóvenes y niños. Adultos y jóvenes; mujeres y hombres (también ahora se reconocen a nuevos grupos sexuales además de los dos tradicionales sexos)  Compartimos la vida en común, pero cada cual es un grupo diferenciado: trabajadores y propietarios,  políticos y ciudadanos,  creyentes y no creyentes. Por otra parte además de la diversidad, el pluralismo significa que cada uno a la vez integra  consciente o no, varios grupos al mismo tiempo.

Entonces visto el sistema social como  conjunto  de grupos, podríamos ir más lejos y decir que  la vida pública es un  conjunto de conjuntos de grupos.  Eso se suele llamar sistemas del sistema social, conjunto de sistemas y cada uno es, también,  un conjunto de grupos y cada grupo es un conjunto de individuos que se encuentran relacionados e intercambian mutuamente. En el plano económico hay sistemas de producción diferenciados, sistema industrial, primario extractivo, sistema comercial y sistema financiero, entre otros. El industrial, a la vez,  por ejemplo, es un conjunto de otros sistemas: el petrolero, el petroquímico, el energético, el metalmecánico, el maderero, el siderúrgico, etc. Hoy a partir del avance de la tecnología son innumerables las variadas formas de clasificar los sistemas existentes de la economía. De igual forma se puede hacer con la actividad estatal y pública.

El estado como sistema es un conjunto de instituciones, unas del campo del ejecutivo, otras del campo legislativo y otras del campo judicial. Las primeras están integradas por áreas de apoyo, de servicios y áreas de ejecución inmediata, de planificación, de supervisión o control, de fiscalización, de  producción, de bienestar, etc. De manera que cuando se analiza la relación entre sectores económicos entre sí, o entre lo político y lo económico, o instituciones políticas  entre sí, dentro de lo político, tenemos un entramado de relaciones complejas que deben contextualizarse en su respetivo sistema e identificar así las clases de vínculos  establece con otros sistemas. De otro modo no se comprende porqué suceden las cosas que suceden.

Siempre es más fácil entender qué sucede si ubicamos primero dónde estamos, qué tipo de grupo integramos, luego qué tipo de conjunto de grupos compone el grupo que integramos y más aún cómo ese sistema de grupos se relaciona con los demás.  La doctrina pluralista, habla de un término adecuado: “solidaridades cruzadas”. El término  significa que como en general un individuo integra dos o más grupos, integrante, a su vez, a dos o más sistemas, en ciertas ocasiones, tiene que elegir con cuál de esos sistemas es leal, porque no puede serlo a los dos a la vez.  Si pertenezco a la Iglesia Católica y soy miembro de un partido que promueve el aborto, entro en conflicto con mi lealtad respecto de uno u otro, porque, en cualquier caso, no puedo estar con ambos.

Diría, para terminar, que hoy en día, la mayor parte de las personas tienen  dificultades para resolver sus posiciones frente a temas más complejos que se presentan,  justamente, por tener solidaridades cruzadas. A mayor complejidad social, mayor confusión respecto de cómo tenemos que actuar  para conformar las exigencias de  los distintos grupos a los que pertenecemos. Lo mismo le ocurre al sistema social en su conjunto.