Es público y conocido el grave desenlace que está sufriendo la crisis venezolana en el inicio del año 2019.

Ante la profundización del antagonismo interno que ha dado pie a la intervención política y económica de países extranjeros en el asunto. También,  es más que notoria la intervención que tiene la principal potencia del mundo, los EEUU, en este conflicto, con medidas concretas, como los embargos y la aprobación pública al nuevo presidente autoproclamado- en abierta contraposición con el gobierno electo en recientes elecciones- argumentando la legitimidad de éste- con el beneplácito de la Asamblea Nacional- órgano legislativo que desconoció el comicio electoral, desde el principio-.

La pregunta que está, ahora, flotando, en el ambiente político internacional y nacional,  es  si esta escalada de confrontación política dará, o no, inicio a la etapa de la confrontación bélica, que como decía un famoso general prusiano, supone la continuidad de la política por otros medios (léase: la guerra).

Nadie en su sano juicio puede aplaudir que se genere una guerra en el continente latinoamericano, cuyo saldo sabemos es muerte y dolor para civiles inocentes, pero no es nada lejano que ésta se desencadene, en algún momento, de seguir el curso de los acontecimientos y la voluntad del estado estadounidense de hacerse respetar como líder en la región.

Hay numerosas ejemplificaciones en que el imperio del águila, procede a manu militari, cuando de hacer valer sus intereses se trata. Lo hizo en Granada en el año 1983, en Panamá en el 1989, en Irak en 1991,  Somalía en 1993,  Yugoslavia, en 1995, intervino en 1998, en Afganistán y Sudán;  en el 1999 volvió sobre Yugoslavia, en el 2001 retornó  a Afganistán, después del ataque a las torres gemelas, 2003, invadieron sin motivos a  Irak, desde el 2002, atacan con aviones no tripulados a Yemen, Pakistán y Somalia, intensificando los combates  en el 2008, Libia  en el año 2011 y en la actualidad,  participaron en Siria de la guerra contra el ISIS.

Aún no hay certezas pero los trascendidos sobre el particular abundan. Las opiniones  de una posible intervención de EEUU en Venezuela según medios venezolanos se justifican en que en el 2015 se informaba ya, que el Comando Sur tenía preparado un operativo de intervención en Venezuela desde Honduras. En el 2017 Trump lo había expresado a los medios concretamente.  En los informes sobre Estrategia de Seguridad Nacional para 2018, se abordó la necesidad de propiciar un cambio de régimen en Venezuela. En febrero 2018,  el Secretario de Estado EE. UU  en su gira por América Latina deslizó que los militares podrían intervenir en Venezuela para promover un cambio democrático. Por su parte, el presupuesto del Pentágono (Departamento de Defensa) para el 2019, incluye  aumentar en 25,900 efectivos las fuerzas militares de EE. UU.

Otras fuentes son los numerosos e  influyentes think tanks de EE. UU que han defendido hasta ahora la hipótesis de intervención militar en Venezuela. Hay artículos de opinión de especialistas como David Smilde, de la WOLA en  “The New York Times”, en el que afirma una probable operación militar rápida.  El “Maritime Herald”, escribió  que la lucha contra el narcotráfico en Colombia esconde planes contra Venezuela. Otra de las opiniones es que podría conformarse una fuerza naval conjunta entre Estados Unidos y Colombia para bloquear la ruta del Pacífico, bajo la excusa de que en varios barrios de Tumaco hay presencia de grupos narcotraficantes y paramilitares.

En general, todos coinciden que sería el Estado de Colombia el principal aliado de EE UU, que, primero   con sus autodefensas  y con sus paramilitares de las fronteras, iniciaran la  entrada en territorio venezolano.   Por estos días, en cambio  se hipotetiza que la  puerta de la intervención se  abrirá con la supuesta ayuda por la crisis humanitaria, desde la frontera de Colombia y de Brasil.

Cualquiera seas las intenciones  o los  planes, lo cierto es que una  intervención militar significará un derramamiento de sangre en el pueblo venezolano, como lo acaba de sostener el Papa Francisco I. Geopolíticamente la guerra implicaría la intervención de potencias extranjeras en  Venezuela y  en Continente. Maduro ha descripto la hipotética situación como un segundo Vietnam. Rusia, China e Irán, han apoyado al gobierno de Maduro y a la Revolución Bolivariana Si por si acaso ellos intervienen Venezuela y el continente podría  convertirse en un escenario de conflagración internacional impredecible en sus consecuencias.

Las voces más democráticas y sensatas están llamando  a la negociación con la ONU de por medio entre los  bandos opositores. Agotar el diálogo, promover caminos de paz, unir tendiendo puentes es la vía más  noble y  moral para los regímenes que se dicen revolucionarios. Esa es la verdadera revolución, la paz duradera y la convivencia con las diferencias.