La energía es un aspecto fundamental de política pública para cualquier país del mundo.

El alto consumo energético en la sociedad actual es la base de la vida moderna. Todos dependemos de la energía para nuestras vidas privadas. Tanto la electricidad como  el gas o  los combustibles líquidos (nafta y gasoil), son imprescindibles para nuestros hogares y quehacer cotidiano. Ni hablar cuando se considera en escala nacional y para la economía general del  país.  Un concepto es fundamental: “matriz energética”. Para poder evaluar el desarrollo energético de Argentina se debe estudiar la composición de  su matriz energética.  Ella nos indicará las clases de consumos en energía  y sus cambios en el tiempo. Al respecto  Argentina consume, por sobre todo, petróleo y gas natural. A diferencia de otros países, como China por ejemplo, consume muy poca cantidad de carbón, sólo el 0,9% del total. En cuanto al petróleo hay coincidencia en sostener que consumimos una  proporción casi igual al consumo promedio mundial: 34,5%. Sin embargo la energía que más consumimos es el gas natural. Es más de la mitad de todo el consumo energético (53%).Este consumo se hizo posible gracias a los yacimientos de gas en el sur argentino como el de Loma la Lata en la provincia de Neuquén y obviamente gracias a la construcción de gasoductos por dónde se transporta el gas hacia Buenos Aires y el resto del  país. Los informes especializados indican que  Argentina tiene la segunda reserva mundial de gas y la cuarta de petróleo no convencional. Este potencial es fundamental para lograr el autoabastecimiento energético de manera sostenida.

Uno de los últimos informes fue que la oferta interna de energía es el 53,6 % provino del gas natural, 32 % del petróleo y 1,3 % del carbón. El 13 % restante fue aportado por otras fuentes (hidroeléctrica 4,1 %, nuclear 2,8 % y renovables 6,3 %).

El consumo de electricidad es importante, y la  generamos, mayormente por medio de  centrales hidráulicas  y en segundo término por centrales térmicas. La energía hidráulica aprovecha el movimiento del agua  y ella genera el 30% de la electricidad que se consume en el país. Pero, aclaremos que del total de la energía eléctrica que proviene de centrales térmicas, el 60 % de esa producción funciona con gas natural. Por lo tanto el gas se usa también en la producción de electricidad.

Otras fuentes de  energía son por ejemplo la  eólica y la energía solar. Ambas  aún son incipientes en Argentina y no tienen un impacto considerable sobre la oferta total de energía del país.

La energía eólica posee distintos parques importantes, que de acuerdo al informe de la Secretaría de Ambiente  y Desarrollo Sustentable de la Nación, son los siguientes: Arauco I (La Rioja) (25,2 MW), Diadema (Chubut) (6,3 MW), El Tordillo (Chubut) (3 MW), Eos Necochea (Buenos Aires) (0,25 MW), Loma Blanca IV (Chubut) (51 MW) y Rawson I y II (Chubut) (Rawson I – 50 MW Rawson II – 30 MW). En Rawson se encuentra el parque eólico más grande del país, con 77 Megavatios (MW) instalados, que suministra electricidad para 100.000 hogares.

La energía solar tiene un gran potencial en diversas regiones, pero como dijimos aún le falta tiempo para su desarrollo. Su operación se destaca en los parques solares fotovoltaicos de nuestra provincia como Cañada Honda I y II y La Chimbera I. También se habla de los  proyectos Cauchari I, II y III, a construir en Jujuy, supondrán la planta fotovoltaica más grande de Sudamérica con 1,5 millones de paneles solares distribuidos en 360 hectáreas.

Otra fuente de energía, que es no convencional, es la bioenergía. Ella  incluye  biocombustibles, biogás y energía a partir de biomasa.  Los biocombustibles (biodiesel y bioetanol) se producen fundamentalmente a partir de caña de azúcar y maíz en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. La producción de bioetanol se incrementó de 23.000 m3 en 2009 a más de 700.000 m3 en 2016.

Hay que advertir que las reservas de Vaca Muerta de poder ser explotadas de la manera adecuada suponen recursos que equivalen según ciertas estimaciones a  27 mil millones de barriles, lo que significa casi multiplicar por diez las actuales reservas de la Argentina.

Todo lo sucintamente  expuesto demuestra gran potencial argentino, cuya explotación otorga a nuestro pueblo bienestar y desarrollo, en la medida que al mismo tiempo seamos capaces de promover una democracia sólida y con una justa distribución de la riqueza, anhelo de la mayoría de nuestra nación.