Una pregunta que puede disparar el texto podría ser: ¿la política es universal? Si por universal entendemos la unidad de lo diverso, no hay dudas que la política es universal.

Ella busca resumir la diversidad, la variedad y la pluralidad de lo social y hacerlo uno, ya en tanto estado, ya en tanto nación, ya como vida en común, o simplemente en clausulas mínimas de convivencia. En suma, lo universal en tanto participación en lo común, o universal en cuanto unidad de lo diverso- sin anular la diferencia- bien le cabe a lo político. Ahora, si por universal se entiende la unidad absoluta, como totalidad homogénea que subsume las partes y las hace desaparecer en el todo, la política está muy lejos de ese significado.

Más bien la política existe porque hay partes y éstas son diferentes y variadas.  Uno de los tantos aspectos de esa diversidad reside en la cultura y en las identidades históricas. Somos seres históricos, vivimos experiencias de vida en el tiempo que transcurre y heredamos un pasado, somos herencia de nuestros antepasados, de nuestros ancestros y de nuestra cultura. Esa nota distintiva es una marca indeleble de la nacionalidad. Por eso la política internacional, como el nombre lo indica, es entre naciones. Por más globalización que exista, hay nacionalidades, culturas, diversidad de pueblos, con sus lenguas, historias, vivencias que no pueden borrarse por más que haya una fuerza hegemónica por instalar un modo único de existencia. De igual manera, en el seno de una nación, hay sub-naciones, hay experiencias e historias propias de cada lugar, de cada pueblo, en el pueblo nacional. Esa es la explicación de que un estado que se autodenomina nacional, es a la vez un conjunto de sub-naciones cuyas trayectorias derivan de procesos complejos y disimiles. Nosotros, los argentinos, componemos una estructura de sub-naciones, de inmigraciones, de pueblos originarios, de mixturas culturales, que nos hacen integrantes de un común general, pero a la vez participes de un común más inmediato, según nuestros ancestros, según nuestras herencias culturales, pero también según nuestro territorio.

El territorio, la tierra, el lugar, es parte de esa composición de identidad. El espacio, con su naturaleza, marca nuestro modo de ser, pero también nuestra forma de hacer, de decir, de vivir. Argentina somos todos, pero no todos somos sanjuaninos, ni mendocinos, ni bonaerenses. El llamado país, es, a la vez, un conglomerado de territorios, de vidas locales que configuraron y configuran experiencias históricas distintas. Por todo ello la política a la vez que universal, es local, en el sentido de lo particular. Porque no todo es reductible a un igual modo de ser. Una nota que resalta en estos tiempos de globalización, es, que a la vez que hay fuerzas de mundialización y de reducción del conjunto  a lo uno, hay  emergencia de  fuerzas contrarias,  de particularidad, de lo nacional, de lo cultural como propio, de la identidad que se niega a perderse en aras de lo global. De igual manera, lo local en lo nacional, se muestra cada vez menos proclive a disolverse en la lógica de la predominancia de lo total, que se impone desde lo central, generalmente.

En nuestro caso la experiencia fue muy marcada en el curso de las luchas políticas entre unitarios y federales. Las provincias  dejaron jirones de su ser, para defender su carácter local frente al totalismo de lo unitario. En cierta medida, hoy continúa tal espíritu en la política argentina. Cada provincia, se para firme cuando de definir sus posiciones se trata. Se marca bien el límite para impedir la injerencia de los códigos  de la política nacional, en los espacios provinciales. Y a la vez, hay una fuerza de localización también hacia el interior de lo provincial, que pesa mucho en la vida política argentina con fuerte presencia del movimiento municipalista, que  proyecta más sus aspiraciones en el contexto provincial y nacional.  Casi, podría decirse, de modo poco percibido, lo local se va imponiendo en la configuración del perfil de la política nacional. Cada vez más, el peso de los gobernadores en la política nacional se hace sentir  y de igual modo de los intendentes, en la política provincial. En San Juan, los intendentes, son una pieza clave de la política provincial y resulta más interesante la disputa de los espacios políticos locales para explicar la política provincial y nacional.  Hay una metamorfosis rica en consecuencias que hay que observar. De ahí la importancia de las Paso, en los departamentos, pues es el ámbito en el que se está articulando una  dirigencia futura para la provincia y  el país como un todo. De hecho ya nuestro gobernador suena como presidenciable y un ex gobernador sanjuanino está dirigiendo al principal partido de oposición en la nación; todo esto habla de una  democracia argentina que viene tejiendo un  entramado, de a  poco,  más desde abajo que desde arriba.