Jachal


Jáchal, terrosa y huraña,
adormilada de siesta
sobre el valle polvoriento
y soledoso, bosteza.

Desdentados murallones
y puertas llenas de grietas.
Jibosos hornos. Burritos
sigilosos de flojera.


Agua rezongona y turbia
desgranada en las acequias.
Hombres desgonzados de ocio
tras sus mujeres morenas.

Hay en los ojos endrinos
y en las tiznadas siluetas,
la desconfianza del indio
y del español la pena.

Lo típico se entristece
de inmovilidad. Se queja
adolorida la raza,
entre la pampa y la sierra.

Los vigorosos paisajes
de Huaco, Huachi y su huerta.
Campos logrados en trigo:
de Chañar y Pampa Vieja.


Poncho nativo, silencios
hondos y caricias tiernas;
sumisión fértil y ardiente
en el amor de las hembras…

Mate, tortita y comento,
patay, aloja y vihuela;
semita, tiros de lazo
y descoyuntadas huellas.

Río que ha venido a menos,
según el álamo cuenta.
Roca erizada de cactos
donde la tarde se acuesta.

Cueca, vinito y tonada.
Aquí se olvidan las penas…

 

Por:  Diego Varela