Santiago (Chile) vivió un viernes de furia con incendios, saqueos y enfrentamientos en protesta contra el aumento del precio del Metro que llevó al gobierno nacional a declarar el estado de emergencias y poner a un militar a cargo de la seguridad.

En lo que fue definido por la Intendenta (gobernadora) de Santiago, Karla Rubilar, «como un ataque nunca antes visto a la ciudad», al menos 16 autobuses del transporte público fueron incendiados y una decena de estaciones del ferrocarril metropolitano, eje del transporte público de esta ciudad, quedaron completamente destruidas. La Policía informó de al menos 180 detenidos y 57 policías heridos.

Sin muchas señales previas, salvo algunas protestas estudiantiles, el gobierno de Piñera -que pocos días antes había dicho que Chile era una especie de «oásis» en la región, por su estabilidad política y económica- quedó enfrentado a la mayor jornada de protestas masivas en varias décadas, que se iniciaron por el alza de 800 a 830 pesos en el valor del pasaje en horario punta del Metro de Santiago, pero que esconderían un descontento mayor en la sociedad chilena.

El estado de emergencia rige inicialmente por 15 días y restringe la libertad de locomoción y reunión. Con base a esa normativa, la Asociación Nacional de Fútbol suspendió la fecha de este fin de semana.

El general Iturriaga precisó que patrullas militares saldrían a los lugares más conflictivos de la ciudad -de siete millones de habitantes- pero que inicialmente no decretaría el toque de queda. «Nosotros no vamos a restringir ninguna libertad personal por ahora», afirmó

Los incidentes arrancaron en la mañana y se multiplicaron al caer la noche tras un llamado a «evasiones masivas» en el pago del pasaje del Metro, que se habían repetido en varias días anteriores, especialmente por estudiantes secundarios. Pero con el correr de las horas, las manifestaciones se pusieron cada vez más violentas.

A los estudiantes, se sumaron otros manifestantes y comenzaron a destruirse las estaciones del Metro, orgullos de los chilenos y que transporta cada día a cerca de tres millones de pasajeros. «El balance que tenemos hasta ahora es una destrucción masiva de la red de Metro (…) esto es muy doloroso», afirmó la Intendenta Rubilar.

Después que el ferrocarril canceló todas sus operaciones, miles de pasajeros debieron salir hasta la superficie para intentar subirse a un autobús, los que circulaban completamente repletos, o a un taxi. Miles de personas debieron caminar horas.

Por la noche, el edificio de la compañía eléctrica ENEL y una sucursal del Banco Chile, ambos en el centro, también resultaron incendiados, mientras en distintos puntos de la ciudad manifestantes se enfrentaron con la Policía.

El edificio corporativo de ENEL -cuestionada por el alza en las tarifas de electricidad y una fallida política de actualización de medidores- comenzó a arder por las escaleras de seguridad y las llamas alcanzaron luego a varios pisos superiores. El fuego fue sofocado y no hubo lesionados, dijeron los bomberos.

En varios puntos de la ciudad, se levantaron también barricadas. En la céntrica Plaza Italia y el frontis palacio de Gobierno, encapuchados se enfrentaron con piedras y palos a los efectivos de las fuerzas especiales, que repelieron los ataques con chorros de agua y gas, en una verdadera batalla campa no vista desde hace tiempo en la capital chilena. Vecinos tocaron sus cacerolas en señal de protesta en varios puntos de Santiago.

El ministro del Interior y Seguridad, Andrés Chadwick,anunció que el gobierno pedirá la aplicación de una severa ley de seguridad pública a los responsables de los incidentes.

Fuente:eltiempo.com fotos/EFE