El denunciante es un joven de 18 años, quien radicó la denuncia en la Fiscalía Nº 4. Presenta varios golpes en distintas partes de su cuerpo.

Este caso salió a la luz, en principio, porque supuestamente el muchacho denunciante andaba por el barrio San Francisco, de Chimbas,  con armas haciendo alarde y aterrorizando a los vecinos. Ese hecho ocurrió el pasado 7 de noviembre. Lo detuvo personal policial de la Base Motorizada Nº 5 y luego lo trasladaron hacia la Comisaría 26ª, a disposición de los fueros de Flagrancia.

Sin embargo, y según comentó una de sus abogados defensores, Sandra Leveque, Flagrancia se declaró incompetente ya que ese hecho no había sucedido y la causa pasó al Juzgado de Faltas de turno ya que quedó como una contravención, por disturbios en la vía pública.

Pese a ello, el hecho del que se lo acusaba aparentemente nunca ocurrió sino que a quien se lo había detenido, en realidad había sido víctima del robo de su bicicleta. Según denunció el joven de 18 años, identificado como Gustavo Martín Aguirre Sagua, todo empezó cuando vio un video viral en Facebook en el que se mostraba el robo de una bicicleta, la que era de su propiedad.

Como pudo reconocer al delincuente, lo fue a buscar a su vivienda, en el barrio San Francisco, para pedirle que se la devuelva. Luego de un entredicho con el presunto ladrón, al que identificó como Lucas «Tuli» Malla, salió el padre de éste y, tras insultarlo, llamó a la Policía.

Según expuso en la Fiscalía de Instrucción Nº 4, cuando se estaba retirando de esa vivienda, sin su bicicleta, llegaron dos motos de la Base Motorizada Nº 5, lo golpearon fuertemente y uno de ellos aprovechó que estaba en el suelo para pasarlo por encima con su moto en varias ocasiones.

Luego de ello, cayó un patrullero de la Comisaría 26ª, lo subieron y se lo llevaron a los calabozos de esa dependencia. Una vez adentro, algunos efectivos de esa sede policial volvieron a propinarle otra paliza, dejándole varias heridas en distintas partes de su cuerpo.

Tal fue la magnitud de la paliza que cuando lo trasladaron hacia la Comisaría 23ª -donde debía estar detenido-, los policías de ahí no lo quisieron recibir ya que no querían hacerse cargo de semejante cantidad de golpes que evidentemente tenía en su cuerpo. Por ello, de inmediato le otorgaron la libertad.

Sin embargo, la madre del muchachito escuchó cómo los uniformados golpeaban ferozmente a su hijo y también los gritos que el joven aquejaba. De todas formas, la mujer dijo que ni en la Comisaría 23ª, ni en la Central de Policía le quisieron recibir la denuncia, por eso debió radicarla en la fiscalía de turno. La hicieron contra varios efectivos por apremios y torturas. Los nombres de los policías no los supo precisar pero expresó que sí los podía reconocer.

Fuente:Tiempo de San Juan.