Dos curas y un jardinero imputados de abusar sexualmente de chicos hipoacúsicos en el Instituto Próvolo, esperan hoy su sentencia.

 

 

En un día histórico para Mendoza por la esperada condena a dos curas y un jardinero imputados de abusar sexualmente de chicos hipoacúsicos en el Instituto Próvolo, de Luján, los familiares, víctimas, amigos y personas que apoyan a los sobrevivientes se instalaron en la escalinata de tribunales provinciales con carteles.

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Los terribles vejámenes que sufrieron las víctimas, alumnos de ese colegio, salieron a la luz en noviembre de 2016, cuando uno de ellos se animó a contar en la Legislatura el infierno que vivían.

Hoy se cumplen tres años desde que se comenzó a investigar la causa que reveló tremendos hechos que habrían cometido los curas Nicola Corradi, Horacio Corbacho y el jardinero Armando Gómez.

Hubo otros dos imputados que tuvo esta primera causa, uno de ellos, también sordomudo, fue considerado inimputable, debido a que desde chico había sido víctima de los mismos abusos al parecer por cura mayor, Nicola Corradi, y luego se había convertido en victimario, pero sin comprender la criminalidad de los actos.

El otro fue Jorge Bordón, un administrativo que también hacía de monaguillo en las misas. Fue el primer condenado de la causa, quien admitió los hechos por los que se lo culpaba, y fue a un juicio abreviado por 10 años por abusos gravemente ultrajantes, abusos sexuales simples y corrupción de menores.

Fue la primera condena en el mundo contra un miembro del colegio albergue Próvolo.

También están investigadas monjas como Kosaka Kumiko, Asunción Martínez, y personal administrativo como Graciela Pascual, ex representante legal del Instituto Próvolo.