El sábado se conoció la noticia: la Argentina había sido seleccionada por el laboratorio farmacéutico más grande del mundo para comenzar a testear la vacuna contra el coronavirus que actualmente produce y está en fase avanzada clínica.

Apenas un mes después de que comiencen las pruebas, Pfizer reveló que ya pasó las pruebas iniciales de seguridad en Alemania y los Estados Unidos y fue autorizada a avanzar a pruebas de eficacia por la Administración Federal de Drogas (FDA), la agencia del gobierno estadounidense encargada del control de los medicamentos.

“Mi impresión es que esto va a ser una vuelta, son dos dosis, pero no creo que esto sea un virus que vino para quedarse”, consideró esta mañana el médico infectólogo Fernando Polack.

El especialista es uno de los impulsores de que la vacuna llegue al país en su fase de prueba y en declaraciones a Radio Mitre explicó que “las personas no van a enfermarse por aplicarse la vacuna”.

“Esto es interesante de aclarar, porque no es un coronavirus lo que recibe la persona que se vacuna y esto tiene que ver con los tipos de vacunas que se pueden utilizar -detalló el director de la Fundación Infant-. Las primeras vacunas que recibía el humano eran virus que se volvían más torpes al entrar en contacto con el sistema inmune; después se empezaron a matar a los virus. Se lo puede ‘atontar’ como en el caso de la vacuna contra el sarampión, haciéndolo reproducirse en células animales para que cuando ingrese al cuerpo humano ‘no sepa’ qué hacer”.

Y tras asegurar que “la vacuna prepara al sistema inmune para que arme su defensa ante lo que puede venir”, destacó que lo que hace la actual, que inmuniza contra el SARS-CoV-2 es “pasarle al cuerpo el código genético, la clave para que arme defensas: el cuerpo percibe una pequeña porción de ARN viral, y empieza a generar defensas”.

La vacuna está basada en la tecnología del ARN mensajero, que lleva instrucciones de ADN para que las células del cuerpo humano generen ciertas proteínas protectoras.

Polack apuntó que en el estudio de vacunas podrán participar voluntariamente “personas entre 18 y 85 años en su inmensa mayoría, salvo personas que tengan un cáncer en evolución que se estén tratando; casi todo el mundo puede participar, las que no pueden participar son mujeres embarazadas”.

Y sobre el ensayo, puntualizó: “Las personas reciben la vacuna o un placebo. En este caso el placebo es un poco de agua con sal. El tema es ver cuántas de estas personas que recibieron la vacuna se enferman de coronavirus en la vida normal comparado con cuántos de los que recibieron agua con sal. Si la vacuna baja el número de enfermos, para noviembre tendremos una respuesta y se podrá proceder a evaluar esa licencia de la vacuna y suministrar sucesivamente a la población”.

Sobre cómo podían hacer los argentinos que quieran ser voluntarios en las pruebas, el médico que realiza un estudio en Capital Federal y Gran Buenos Aires para determinar si el plasma de convalecientes de COVID-19 morigera los síntomas en otros infectados, aseguró que los interesados deben escribir un mail a info@infant.org.ar y desde allí los derivarán a página web definitiva para inscribirse.

“Para la Argentina esto es la posibilidad de tener datos argentinos sobre una vacuna, que si funciona, la vamos a necesitar -amplió-. Tener datos argentinos es realmente una fortaleza. Que nos elijan es un reconocimiento a los científicos en la Argentina, a los médicos en la Argentina. Eso pone al país en la mira de otros estudios. Y el tercer beneficio es la posibilidad de abrir la puerta para que la Argentina esté posicionada mejor para recibirlas antes”.

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