El primer pronóstico fue del ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán: “Si el ritmo de contagios continúa, las camas de terapia intensiva pueden colapsar en la segunda quincena de agosto”. Luego, lo contradijo el ministro de Salud de Nación, Ginés González García: “No hay ningún riesgo cercano de colapso, pero debemos ser cautos”. Por último, intervino el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós: “No hay indicadores que refieran a un colapso del sistema de salud”. En un lapso de apenas tres días -entre el lunes 27 y el miércoles 29-, las máximas autoridades a cargo de contener la pandemia del coronavirus hicieron diagnósticos totalmente diferentes sobre cuál es la situación de los hospitales en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Pero coinciden en una idea: el colapso del sistema aún no llegó.

Sin embargo, la realidad que cuentan los médicos que se encuentran en la primera línea de fuego es otra. NOTICIAS hizo un relevamiento del sistema sanitario con profesionales que trabajan en Capital y el Gran Buenos Aires. El panorama que pintan es mucho más preocupante: caos, médicos contagiados y estadísticas manipuladas. “Hubo que evacuar la terapia intensiva del Hospital Evita de Lanús que estaba a cargo de un instructor de residentes porque todo el equipo de jefes y terapistas con más experiencia están contagiados”, dice un médico que conoce el tema.

La capacidad para atender a pacientes en estado crítico es el factor que determina si, efectivamente, el sistema da abasto o no. Por eso, a pesar de sus diferencias, los tres ministros observan con obsesión la misma variable: la ocupación de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), sobre todo en el AMBA, región que concentra más del 90% de los casos. De hecho, ese es uno de los datos de los reportes diarios de las autoridades sobre el avance de la pandemia. Al cierre de esta edición, según los índices oficiales, el porcentaje de ocupación de las UTI era del 63,3%.

Sin embargo, hay algo que ese porcentaje no indica: hay hospitales de la Capital Federal y del Conurbano bonaerense que están con una ocupación del 100%. NOTICIAS visitó el Hospital Fiorito de Avellaneda el martes 28, uno de los más importantes del primer cordón del Conurbano. Ese día, las 14 camas de terapia intensiva estaban ocupadas. En Capital Federal, ese mismo día, el Hospital Muñiz tenía las cinco salas de terapia al 100%. Para los profesionales de la salud, el promedio informado no da cuenta de la realidad que se vive en las zonas más calientes.

El debate sobre el colapso es una constante. Juan Carlos Tealdi, director del Comité de Ética y del Programa de Bioética del Clínicas e integrante del equipo asesor del Gobierno tiene una mirada crítica acerca de cómo se están manejando las autoridades. “Se esquivó hablar de colapso al principio. Se lo pensaba como una catástrofe abrupta, las autoridades apostaron al ‘a mí no me puede pasar’ y comenzaron a aumentar su capacidad de respuesta. No se pensó en que se podría ir colapsando, como vemos ahora, que es algo progresivo, que empezó en Capital, pasó al primer cordón y ahora está yendo al segundo”, sostuvo en un diálogo con NOTICIAS. “Si se hubiera previsto el colapso, se podría haber trabajado no solo en lo material sino en el recurso humano. Aumentan las internaciones, el riesgo de los trabajadores que se están infectando y, en consecuencia, el seguimiento de los pacientes. Ahora los hospitales están muy desorientados”, agregó el experto.

Debate cantidad. Hay una denuncia que repiten tanto los profesionales de la salud bonaerenses como los porteños: en ambas jurisdicciones, las autoridades informan día a día la multiplicación de las camas UTI. Los números oficiales de provincia indican que el sistema tiene 5.833 camas de terapia y los números porteños hablan de 450.

“Lo que pasa es que en esos datos suman camas que no son propiamente de terapia, como las que se acondicionaron en los shock room, las pediátricas o las que están en maternidades”, afirma Jorge Yabkowski, secretario general de la Federación de Asociaciones Sindicales Profesionales de la Salud y médico del Hospital Posadas.

Aníbal Aristizábal es médico clínico y emergentólogo y presidente de la regional Fiorito de CICOP. “Ayer se desocupó una cama de UTI y pudimos pasar a un señor que estaba ventilado en el shock room. Esto es algo muy nuevo que te habla de la capacidad máxima en la que estamos trabajando. Esas son pequeñas salas de unidad crítica para compensar a los pacientes que llegan muy graves, pero ahora se transformó en un anexo de la terapia intensiva. Ahora ahí tenemos dos camas con un respirador”, contó a NOTICIAS.

En Capital Federal, la Asamblea de Residentes y Concurrentes realiza un relevamiento de camas por hospitales por semana y, de acuerdo a sus números, hay 274 camas UTI. “Nos consta que el Gobierno contabiliza camas que no son de UTI, sino de otras áreas como guardia externa, shock room o incluso UTIS nuevas que no están equipadas”, señalaron. Para ellos, en la Ciudad ya se puede hablar de colapso “porque el número de pacientes graves hace varios días supera los 280”, agregan.

Tanto desde Provincia como desde Ciudad niegan que los números de camas UTI estén sobredimensionados. “Es cierto que UTI es una cosa y camas críticas es otra. Aumentamos 140% la capacidad de las camas críticas y por eso ahora no elegimos a quién respiramos y a quién no. No es improvisación ni agregados que no puedan garantizar la atención. Tuvimos que reconstruir un sistema deteriorado en tiempo récord por una pandemia que se llevó puesto al mundo”, insisten desde Provincia. Desde Ciudad, aclaran que “todas las camas no solo tienen lo necesario desde lo ornamental sino también desde la cantidad de personal necesario”.

Tealdi insiste en que desconocer el reclamo profesional es un error: “Cuando amplío materialmente las estructuras y no aumento el personal, por ejemplo, baja la calidad de atención. Es así”, subraya.

Derivaciones. El próximo desafío será coordinar un buen sistema de derivaciones que reduzca lo más posible el caos. Aristizábal cuenta que ya hay problemas: sanatorios privados que no reciben pacientes o pacientes que llegan al público con un “rechazo conformado” de su sanatorio (es decir, con la manifestación por escrito de que ese lugar no los puede atender). Desde Nación reconocen esos problemas con el sector aunque insisten en que se está trabajando para aceitar el sistema.

Yabkowski agrega que las variables para rechazar a una persona pueden ser diversas: “Quizás tenés cinco camas libres, pero tenés cinco complicados en una sala común y en cualquier momento van requerir terapia. Entonces decís que no”, relata.

Juan Sebastián Riera es el director provincial de Hospitales de la provincia de Buenos Aires. Según él, el miedo de los médicos fue resuelto en esta pandemia con la implementación del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES), que logró conectar a todos los hospitales públicos y privados anclados en territorio bonaerense en un único sistema que monitorea día a día la cantidad de camas de terapia. “El sistema busca por complejidad y por cercanía la cama más necesaria y define la derivación. No lo tiene que hacer un médico ni lo tiene que discutir con nadie”, cuenta. Para el funcionario, a pesar de que la situación es crítica, todavía hay mecanismos para evitar el colapso (ver recuadro).

Futuro. Gabriel Barbagallo, el presidente del Grupo Osde, cuenta que su vara para medir hasta dónde está colapsado el sistema es la dificultad que tienen para encontrar una cama a sus afiliados: “Tuvimos un estrés muy grande a mediados de la semana pasada, el miércoles 22, que se complicó. Luego la tensión bajó”, cuenta a NOTICIAS.

Claudio Belocopitt, presidente de la Unión Argentina de Entidades de Salud (UAS),coincide en que esos fueron días muy difíciles y que luego el sistema se descomprimió. Según el empresario, la modificación de uno de los protocolos de internación, que permitió que más personas cursaran la enfermedad en su casa, bajó la ocupación de las camas comunes. Sin embargo, insiste con una idea: el optimismo o el pesimismo respecto del colapso puede durar apenas un día (ver recuadro).

Para Tealdi es hora de ser realistas. “Estamos colapsando y no se puede pedir una población responsable con una población mal informada”, subrayó. Para el experto es hora de que el Ministerio de Salud de la Nación baje orientaciones claras para todas las instituciones sobre una cuestión incómoda: ¿a quién darle prioridad cuando las personas en estado crítico superen la cantidad de camas UTI?