La metodologia de escrache a una persona, por lo menos en Argentina, no es nueva, ni siquiera original.

En su momento, esta metodología, sirvió para marcar las casas de sospechados por delitos de Lesa Humanidad. Se organizaba un grupo de gente, afectados por el accionar represivo o genocida de cada uno de los escrachados, y se movilizaban a las casas de estas personas con el animo de generar una condena social y de que todos sepan donde vive un asesino de la dictadura militar.

A partir de estas nuevas y exitosas forma de visibilizar a una persona por partes de otras, medianamente organizadas, el “escrache” trascendió un grupo o una ideologia, y se instalo en el accionar popular como una forma de canalizar cualquier tipo de bronca hacia uno o varios individuos.

No solo fueron famosos los escraches a genocidas, también lo sufrieron, casi siempre, funcionarios públicos. Entre los más recordados, es el que se le hizo al actual gobernador de Buenos Aires, cuando era Ministro de Economía, en un viaje a Uruguay. Kicillof vivió en carne propia los insultos y amenazas con sus hijos pequeños en brazos. El gobernador sanjuanino tambien tuvo la visita de un grupo de personas que fueron a realizar un bozinazo a su casa.

Cristina Fernández Kirchner, es una abonada constante. Con amenazas de muerte incluidas y hasta en primera clase de los aviones, fue escrachada por quienes no la quieren. Macri, también tuvo lo suyo, con menos virulencia, pero escrachado al fin.

Adelantandonos en el tiempo y en nuestro terruño provincial, es “escrache” se convirtió en una metodologia caravanera.

A los disconformes, ya nos les alcanza recorrer la Plaza 25 de Mayo, ahora, apuntan a las casas de los políticos oficialistas del gobierno.

Ilustración de Karlo Lottersberger

Hace algunas semanas, todos nos enteramos donde vivía uno de los Senadores por San Juan, los bocinazos de los vehículos retumbaron por toda la zona.

La casa particular del gobernador, ya se conformo en un circuito habitual de quienes están disconformes con su gestión.

Este ultimo fin de semana, al parecer, se declaro o salió a la luz, “La Guerra del Escrache”, vos me escrachas, yo te escracho.

No importa, con cuanta cantidad de gente se visite la vivienda particular del “señalado” para escrachar.

Lo importante, es la cantidad de viralización por las Redes Sociales.

Ahí, es donde realmente se sabe si el escrache fue efectivo o no.

Ahora y como dijimos antes, el escrache es de total dominio popular, no pertenece a ningún sector, salta de grieta en grieta y se instala tan cómodamente en la izquierda o la derecha.

Pero, parece ser, que algunas personas, no entienden esto. Creen que esa forma de “agraviar democraticamente” les pertenece. Esos y esas individuos, son los que piensan, que por que se autotitulan dueños y defensores de la República y la Libertad, pueden tener el escrache como su metodología exclusiva de manifestarse.

Lamentablemente, hay malas noticias para estos paladines de las buenas costumbres y gente de bien.

Los y las otras, también les gusta movilizarse, con otros medios y otras metodologias, pero escrache al fin.

Cual es la diferencia ?

A quien le duele más ?

La diferencia es clara, el “escrache” no es del gusto de los “libertarios” cuando se los hacen en sus casas.

El dolor, también se nota, quien o quienes son los más sufridos, y también se puede observar que escrache es el repudiado.

Es asombroso, ver, como, algunas personas y medios de comunicación, se ponen del lado del “escrachado” VIP.

No es raro pensar, que quedar como un alcahuete, genera más rédito que tener honestidad intelectual y/o imparcialidad.

De todas maneras.

Todos y todas, están advertidos, que el escrache, también es “libre”, y puede visitar la vivienda de cualquiera.

Escrachado y escrachador, son dos víctimas de la misma metodología del disgusto.

Ilustración de portada Karlo Lottersberger

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