El sonido del afilador, resuena en el taller de Francisco Luque, hombre que conoce el oficio,  se ubica en el inconsciente colectivo al comerciante ambulante que iba por las calles ofreciendo sus servicios para afilar cuchillos, tijeras o cualquier objeto, enclavado en el corazón de Concepción.

El oficio que realiza Francisco Luque  se va perdiendo. El hombre recibe en su taller a los vecinos, afila herramientas, cuchillos, sanjuanaldia te comparte su historia. «la gente siempre me da trabajo”

Un silbido agudo pero melodioso reverbera en la calle Maipú. Los vecinos le llevan trabajo. Quizá el recuerdo de una profesión de la cual quedan muy pocos, hace que Francisco siga teniendo trabajo todos los días y sea «feliz» con este oficio que realiza desde años.

De la misma manera cuenta: «Siempre he estado trabajando. Antes hacía otro oficio, pero esto es mi vida», manifiesta orgulloso.

Generalmente afila tijeras y cuchillos y el costo «depende del tamaño de la herramienta, es 100 o 150 pesos y se demora unos 5 o diez minutos», manifiesta.

Relata que la gente lo trata «muy bien, siempre me dan trabajo para hacer. Soy muy creyente en Dios., él me cuida».

Actualmente son pocos los afiladores, Francisco practica una tradición que está desapareciendo lentamente. Es un afilador, un oficio que también se está esfumando de muchos lugares. La profesión de afilador de cuchillos es un oficio entrañable y noble que está enfrentando la extinción. Debido a la cultura desechable y a los aparatos que afilan cómodamente en casa, hoy en día resulta raro ver en las calles a este personaje que suele prestar sus servicios a la comunidad.

Los afiladores o amoladores son personajes típicos que recorren las calles, bien sea de un pueblo o de la ciudad; se hacen notar por su silbato o su flauta y ofrecen los servicios de afilar navajas, tijeras, cuchillos y cualquier otra herramienta de corte. Este oficio, como muchos otros oficios tradicionales, suele ser considerado por todos aquellos que lo practican, como un arte; donde se requiere de gran destreza y precisión al momento de manejar el esmeril. Por esto, es una habilidad que es desempeñada con orgullo y con gusto.

Una tradición a través del tiempo

Para finales del siglo XVII ya existían los afiladores que deambulaban en Galicia con una rueda de piedra cargada sobre su espalda y para el siglo XX este oficio logró una buena parte de evolución, ya que estos personajes comenzaron a movilizarse en bicicleta, otros en moto e incluso algunos en coche. Así mismo, en la época de la conquista esta tradición llegó desde España a Argentina, prestando gran utilidad a todas las cocinas; por lo que se convirtió en una labor que no tardó en extenderse a muchos pueblos de América Latina.

Hoy en día esta profesión está quedando en el olvido, sobre todo por la cultura desechable implantada en muchos países, donde los objetos son usados y tirados; lo que ha supuesto un duro golpe para estos trabajadores. Además, hay que añadir a esto la presencia en el mercado de aparatos especialmente diseñados para afilar la hoja de estas herramientas culinarias; se trata de eficientes afiladores que han resultado de gran utilidad tanto para los hogares como para las grandes cocinas.

No obstante, pese a que se trata de una tradición que en enfrenta la decadencia, los servicios de un afilador resultan ser más preciados en países en vías de desarrollo, ya que la mayoría de la población no cuenta con los recursos económicos para reemplazar sus herramientas de corte o para comprar un afilador de cuchillos.

Acceder

Registro

Restablecer la contraseña

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico y recibirás por correo electrónico un enlace para crear una nueva contraseña.