Sara García, titular de AMET, se diferenció de los gremios más duros que rechazan el regreso a las clases presenciales. “El cierre tuvo consecuencias que no llegamos a dimensionar”, advirtió.

Falta poco más de un mes para el inicio del ciclo lectivo en la Ciudad de Buenos Aires, que inaugurará el calendario escolar, y la discusión por la presencialidad ya está instalada. ¿Volverán los chicos a las aulas o, como en 2020, seguirán con clases a distancia? La postura de los gremios, en general, fue reticente a la idea del regreso. Sin embargo, aparecen voces dentro del sindicalismo que piden por la apertura educativa.

Sara García es la secretaria general de Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET), uno de los cinco sindicatos de alcance nacional, que representa a los profesores de las escuelas técnicas. En un audio, la dirigente menciona que se generaron daños “terribles” por el cierre en 2020 y se refiere a la “necesidad imperiosa” de que se reanuden las clases presenciales.

“Nosotros pensamos que la falta de presencialidad en 2020, principalmente en nuestras escuelas técnicas, pero en general en todas las escuelas ha sido terrible. Ha tenido consecuencias que yo creo que no la podemos dimensionar hoy. El haber perdido en el camino más de un millón y medio de chicos que se desconectaron y que no sabemos cómo los vamos a recuperar me exime de todo comentario”, dice.

En la misma línea, continúa: “Sostengo lo mismo que sostuve el año pasado, y ahora con más razón porque la experiencia nos dice que no podemos tropezar de nuevo con la misma piedra. Debemos ser lo suficientemente responsables tanto los dirigentes gremiales cuanto los funcionarios del Poder Ejecutivo nacional, provincial y municipal. Tener la capacidad de imaginar y resolver problemas ahora, antes del inicio de este ciclo. Tenemos que resolverlos y esto es obviamente resguardando la salud de los docentes en primer lugar”.

El Gobierno decidió incluir a los maestros dentro de los grupos prioritarios a recibir la vacuna. Están en la sexta ubicación detrás del personal sanitario y los grupos de riesgo. En total, son 1.3 millones sumando a los profesores universitarios. Por lo cual se descuenta que no se llegará a vacunar a toda la plantilla antes de que empiece el ciclo lectivo.

“Tal vez habría que ver de poder adelantar unos escalones ese lugar. Eso sería bueno. Y sería muy bueno que las autoridades garanticen los recursos que hacen falta en las escuelas: el alcohol en gel, los barbijos, que lo indispensable esté disponible ya. Ni hablar de la infraestructura edilicia”, señaló García y cerró: “Dicho esto, yo sigo absolutamente comprometida con la imperiosa necesidad de regresar a las clases presenciales la mayor cantidad de tiempo posible durante toda la semana y con la mayor cantidad de chicos en la escuela”.

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