Santa Catalina de Siena  juró su amor al único hombre de su vida: Jesucristo. Pese a la insistencia de su familia porque sucumbiera a su rol social impuesto por ser mujer

El santoral católico recuerda a toda una lista de santos y beatos que han sido canonizados por la Iglesia católica. Hoy, 29 de abril, se recuerda a Santa Catalina de Siena, Virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Europa y de Italia.

Catalina nació en el año 1347 el mismo día de la Anunciación de la Virgen en la ciudad italiana de Siena y en compañía de su hermana gemela, Gioavanna. Pero ella no fueron las únicas hijas de la familia, ya que para cuando ellas llegaron al mundo, sus 22 hermanos las esperaban. Sin embargo, la joven santa pareció resaltar sobre los demás cuando a la temprana edad de 6 años despertó su interés por la vida sagrada.

Tal fue su deseo por dedicarse al rezo que un día llegó a prometer ante sus padres que jamás contraería matrimonio con otro hombre que no fuera Jesucristo. Pese a su insistencia, su madre seguía insistiendo en que lo que su hija necesitaba era un marido. La persistencia de ella y sus hermanas hicieron que, por un tiempo, la santa dejara más olvidada su fe religiosa por la preocupación hacia su físico: los ropajes, el cuidado del cabello, los modales y todo un aluvión de imposiciones sociales que por aquel entonces rodeaban a las mujeres.

Pero la muerte de esta hermana trajo más amargura a la joven, que tras su fallecimiento fue encerrada por su familia, un aislamiento que ella aprovechó para profundizar en su interior y para conocerse a sí misma y a Dios.

Además de a Santa Catalina de Siena, el calendario recuerda también a San Hugo abad, (Semur en Brionnais, 13 de mayo de 1024 -Cluny, 28 de abril de 1109), también conocido como ‘Hugo el Grande’, quien fuera el sexto abad de Cluny, en Francia y uno de los líderes más influyentes de las órdenes monásticas de la Edad Media. San Hugo gobernó durante sesenta años el monasterio de Cluny, en Borgoña, mostrándose durante todo el tiempo como un líder entregado a las limosnas y a la oración y manteniendo y promoviendo la disciplina monástica, atendiendo a las necesidades de su iglesia y dando misas con esmero.

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